</head>

vernoxt:

     La pregunta le cayó como si de un balde de agua
     helada se tratará. Aunque esto no hacía diferencia
     alguna puesto que la temperatura dentro de esta
     pequeña y rústica cabaña era menor de la que él
     acostumbraba. Su mirada pasó de ser aburrida a
     seria. Encontrando aquellos misteriosos y calma-
     dos orbes ámbar en medio de la tan agraciada
     tormenta esmeralda que los cabellos de esta mu-
     jer formaban. Por un momento dudó acerca de la
     respuesta que podría darle. El tono que le daría,
     la cara que pondría y como se lo diría. Pero deci-
     dio poner una sonrisa sobre sus labios en lugar
     de molestarse en un futíl intento de averiguar que
     posible intención llevaban los ojos de esta extra-
     ña. Despues de todo, él era un invitado.

     Tomó un trago forzado del humeante líquido que
     había en su taza. El té no era de su preferencia,
     un fuerte sake lo pondría de buen humor con un
     clima tan frío. Pero no era de exigir, y el té hacía
     un buen trabajo a la hora de calentar el interior
     del espadachín. Asintió con la cabeza, ojos ce-
     rrados y mirada decidida, señal de que iba a
     responderle la pregunta. Un leve ‘toc’ se escu-
     chó al dejar la porcelana sobre la mesa.

image

          ” Llegaré cuando deba llegar      ” Así de simple.
          “ Me esperarán, yo los esperaría. Confío en que
            mi capitán es lo suficientemente testarudo co-
            mo para no dejar a nadie atras. No importa lo
            que pase. “
              Le dedico una mirada casi seria.
                     
 “ Aunque me tome años llegar. ”
                              Siendo honesto, ese sería el caso.

           Monet no tenía demasiado claro qué esperar tras sus palabras. ¿Le molestaría que ella supiese quién era? ¿Intentaría asegurarse de que ni una palabra escapase sus labios? Del amplio abanico de posibilidades el espadachín respondió de la manera que ella menos esperaba; continuó hablando como si nada. Puede que si hubiese sido otra persona a ella le hubiese molestado el no haberlo previsto, pero por alguna razón a Monet no le molestó esta vez. La ventisca, fuera de la cabaña, se volvió salvaje.

             El viento gélido hacía crujir la madera hasta el punto que la lámpara suspendida sobre sus cabezas comenzó a tambalearse. Silbaba afuera, helado, mortal, pero Monet no se inmutó. Le dió otro pequeño sorbo a su té cerrando los ojos brevemente antes de volver a estudiar al invitado. Dudaba que aquel hombre supiese de los peligros que el frío trae consigo, especialmente un frío extremo como aquel.

— ❝ ¿Y crees que podras sobrevivir al frío de estas montañas?❞ 

                          Preguntó casualmente, dando otro sorbo. Aquellos orbes dorados no dejaron de mirar a Zoro.

— ❝ La temperatura baja tanto que si no conoces las montañas, o no eres capaz de encontrar la ruta morirás por hipotermia. Hay cientos de lagos helados bajo las capas de nieve, si el hielo se quebrase tendrías una muerte horrible.❞ 

                                                   Prosiguió ella.

— ❝ Si no encuentras refugio alguno, ni madera con la que encender un fuego morirás. La temperatura baja de los 35 bajo cero por las noches. Con ése frío si respirases muy rápido tus pulmones se congelarían y agonizarías durante horas antes de morir.❞ 

                           Lo mejor de todo es que no estaba exagerando. Ella conocía mejor que nadie los peligros que el frío traía, y estaba dejando de lado las bestias que moraban la montaña, los enormes lobos huargo y los feroces osos.

image

— ❝ Si no encuentras a alguien que se atreva a guiarte lo mejor que puedes esperar es a quedarte dormido y jamás despertar. Es la mejor muerte que estas montañas pueden darte.❞