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vernoxt:

     Ya había presenciado y experimentado las tragedias y
     el horror que el frío puede conllevar, pero también había
     belleza en él. Recordaba la última isla invernal a la que
     visitó, la lluvia caía suavemente sobre las verdes hojas
     de los arboles y sobre las mugosas piedras y la dura
     tierra. No había sido una de las mejores noche que él
     hubiera pasado, pero a la mañana siguiente, recordaba
     exactamente el hermoso paisaje que se encontraba
     frente a sus ojos. Las piedras brillaban con una fina
     capa de hielo que las cubría. Las hojas de los arboles
     pasaron por lo mismo, y el espadachin se sorprendio
     al verlas, como si de un trabajo de vidrio se tratara. Era
     increíble. Sólo se podía imaginar a Robin o Nami
     admirando la belleza del invierno y a Chopper y Luffy
     corriendo y tocando todo lo que estuviera al alcance
     de sus dedos. Y pezuñas.

     Pero esto era algo muy diferente. Sólo necesitaba
     mirar por la ventana para darse cuenta de la crueldad
     de este frío, ahora habría visto ambas caras de este
     clima. Le dio frío el imaginarse a si mismo afuera, a
     merced de aquel furioso viento.

          ”Debes conocer bien esta montaña.”
               Musitó en voz baja, tomando otro sorbo de su té.

     Como si otra indirecta fuera necesaria, ella parecía inteligente,
     lo suficiente como para entender a donde querría llegar el infa-
     me pirata Roronoa Zoro. Necesitaba un guía. Por mucho que
     odiara admitirlo. Su falta de orientación era su máxima debil-
     idad, y no podía permitirse perderse una vez más. Ya fue su-
     ficiete con terminar en esta cabañita después de día y medio
     de naufragar en este helado y blanco mar de arboles y mon-
     tañas. De cualquier momento, dudaba de como podría arri-
     var a aquella conclusión. Esta mujer lo hacía sentir algo inco-
     modo, como si lo estuvieran analizando, todo el tiempo. Era
     como estar sentado en frente de otra Robin, sólo que un tan-
     to más fría.

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          ”Quizas con unos consejos andaría más que bien.
           Que más sabes de esta montaña? Sé que no hay
           refugio, no hasta llegar a la costa. Donde seguro
           hay barcos y todo lo demás. Pero sólo me has di-
           cho lo obvio. Si salgo sólo, moriré.

               ¿Donde podría encontrar un mapa en 
                            medio de este infierno helado?”

            Por supuesto Monet conocía bien aquellas montañas. Había pasado incontables horas transformada en gélidas ráfagas de viento, explorando cada cima, cada recoveco, manantiales y altos prados que ahora, en lo más crudo del invierno, no eran más que superficies cubiertas por el blanco manto invernal, ocultando hielo bajo la suave nieve que pondría en peligro hasta al más experimentado de los escaladores.

— ❝ Lo se todo acerca de estas montañas.❞ 

             Dijo, dedicándole una enigmática sonrisa a la vez que se levantaba y se ajustaba el kimono mientras desaparecía escaleras arriba, solo para volver segundos después con un mapa que extendió sobre la mesa. Monet estaba realmente cerca del espadachín ahora. Monet se puso las gafas y señaló a un punto, más arriba del valle que en el mapa se mostraba, en una alta meseta bordeada por las escarpadas cordilleras, a docenas de kilómetros de toda civilización.

— ❝ Ahora estás aquí.❞ 

                         Le indicó. Entonces la mujer de nieve señaló a otro punto, en la otra parte de la isla, a más de quinientos kilometros en línea recta.

— ❝ Y quieres llegar aquí.❞ 

                        Al único puerto del que zarpaban embarcaciones hacia Sabaody.

— ❝ Puedes ir en línea recta y tardarías poco más de una semana, suponiendo que supieses escalar y sobrevivir en un clima extremo con temperaturas que rondan los cuarenta bajo cero. Otra opción es ir por aquí..❞ 

                         Monet señaló a la zona que bordeaba los pies de las montañas y la distancia que separaba a huéseped y anfitrión se estrechó.

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— ❝ Por ahí hace algo menos de frío, pero es la zona del deshiele, por ello es bastante peligrosa, pues el agua ha formado profundos agujeros que la nieve cubre. Si caes por uno de ellos morirás. Y la última opción…❞ 

                         Entonces señaló al pueblo, casi a treinta kilómetros de allí.

— ❝ …es regresar al pueblo y rodear la cordillera por la tundra, pero eso te llevaría casi un mes, suponiendo que no te perdieses o te murieses de hambre. Ninguno de los tres recorridos es apto para ir solo si no conoces estas tierras.

                                               Asi que.. ¿cuál es tu elección?❞