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#nameafterwardsbcwesuck — [ AU. yukionnamonet & roronoism ]

roronoism:

   Cada vez que uno de estos desagradables muertos vivientes
   era decapitado por el machete del peliverde, otros dos salían
   de cualquier sombra para unirse a la persecución. Salir a bus-
   car algo de beber no había sido una buena idea, no a estas
   horas en las que los
zombies parecían estar más activos que
   nunca. Suspiró, saltando una pared, pero en mitad de esto,
   uno de los cadáveres que lo perseguían había logrado tomar
   su pie, y así comenzó a tirar para lograr que el hombre se
   cayera al suelo, los demás zombies corriendo hacia el lugar
   a su propio ritmo, ni muy rápido ni muy lento. Zoro pegó una
   patada a la cabeza de su atacante, sintiendo como fácilmente
   el cráneo de este se había roto por el impacto, cayendo al piso
   con sangre y sesos escapando de las aperturas que el sobre-
   viviente había re-abierto. No se quedó a esperar para confirmar
   la muerte del desgraciado, sino que terminó de escalar la mal-
   dita pared y luego se subió en el techo de una rústica casa,
   desde ahí pudo divisar al grupo de zombies furiosos esperan-
   dolo en la calle. Con una sonrisa, Zoro les escupió y se dio
   la vuelta, sólo para encontrarse a otros más que de alguna
   manera habían logrado escalar hacia donde estaba él.

   El primero que se le acerco recibió la punta del machete por
   el ojo izquierdo y la despidió por detras de su cabeza, la
   oscura sangre fluyendo con baja presión por ambas heridas.
   Dejo que el
cadáver cayese al suelo para rápidamente darse
   la vuelta y decapitar al segundo zombie que se le había acer-
   cado. Recogiendo la cabeza por los pelos y arrojandosela
   con fuerza al siguiente, que por el golpe perdió el poco equi-
   librio que tenía y cayó del techo. Dios sabe que habría sido
   de aquel bastardo inmortal.

   Antes de que los siguientes pudieran llegar allí, se dio la
   vuelta y saltó para poder treparse a la ventana de un
   edificio que estaba detrás de aquella casa, y que era del
   largo de tres casas más, y el triple de alto también. Como
   era de esperarse, la ventana estaba
bloqueada, señal de
   que alguien había estado dentro, seguramente pocas per-
   sonas, y lo más probable era que estuviesen muertas.
   Pateó la ventana una vez, notando la resistencia de las
   maderas que la estaban cerrando del otro lado. Entonces
   pateó una vez más, y otra, y otra hasta que con un
estruendo
   de vidrios rompiendose y maderas cayendo al suelo, logró
   su entrada triunfal, cerrando la ventana apenas pudo pasar
   por ella y bajando la persiana para que los zombies que
   llegaran hasta ahí no pudieran entrar o siquiera verlo.

   Gruño, más molesto que contento de que la persecución
   había terminado. El edificio por dentro no parecía estar
   en tan mal estado. Habían libros, repisas y largas mesas
   con computadoras, plantas adornando el lugar, alguna
   que otra vela gastada situada encima de una mesita.
   Era una biblioteca, en perfectas condiciones. El peli
   verde se rascó la disimulada barba que le estaba cre-
   ciendo y guardó su machete después de tomar un li-
   bro cualquiera y limpiar la sangre que había quedado
   en el arma sobre sus hojas. Luego arrojó el libro al
   suelo, ironicamente era una biblia, pero él no pensaba
   que la palabra de Dios hubiera servido mucho en estas
   epocas.

   Se acercó con sigilo a una puerta, y con mano sobre
   el mango del machete, entró a la habitación para con-
   firmar que nadie estuviese ahí, quizas algún zombie
   perdido se había quedado encerrado en esta bodega
   de conocimientos. Ni él hubiese querido tener aquel
   
destino. Hizo lo mismo con las siguientes cinco puer-
   tas, hasta que por fin encontró una sala de descanso,
   con cómodos sofas y una que otra luz prendida.
   Sacó de su bolsa una botella que parecía contener
   alguna fuerte bebida alcoholica y se arrojó sobre uno
   de los sofas, llevandose el pico de la botella a la
   boca y ahogando su soledad en la agrio brebaje

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     ( Sí, este lugar sería perfecto para descansar,
       el peliverde después de todo, llevaba una
       vida
bastante agitada. )

    El ruido la hizo despertar del ligero sueño que había conseguido conciliar una hora antes. Se incorporó en la cama, sobresaltada, con el arma en la mano. Era absurdo cómo ahora no se sentía a salvo a no ser que llevase esa pistola alrededor, y eso no era nada comparado con lo que solía llevar.  

Cada vez que se aventuraba fuera de la biblioteca lo hacía con un arco y un carcaj en la espalda, dos pistolas, una en cada muslo al más puro estilo Lara Croft, además de algún que otro puñal. Hubiese llevado incluso un hacha de haberla tenido, ya que en temas de supervivencia uno nunca podía quedarse corto, especialmente con la ciudad infectada de los no muertos. 

Cargó el arma, levantándose silenciosamente de la cama y dejando la habitación. Oculta por los altos estantes cargados de libros Monet estudió el escenario. Una ventana rota, pero no veía rastros de ninguno de los no muertos, así que únicamente había dos opciones. O los infectados se habían vuelto más inteligentes o algún superviviente había conseguido acceder a la biblioteca.

Sus cejas se fruncieron y sus pasos se volvieron aún más cautelosos. Si Monet tenía que elegir, definitivamente prefería enfrentarse a los infectados antes que algún otro superviviente, pues eso de ‘todos los que han sobrevivido’ se unen para aumentar las posibilidades de subsistir no era así en la práctica. Los supervivientes se mataban los unos a los otros, a veces para robar pertenencias o quedarse con la guarida del otro, o simplemente porque una muerte más, tras tanto matar, no significaba nada.

Una a una Monet se recorrió todas las habitaciones de la biblioteca, esperando encontrarse una de ellas ocupada, pero las siete primeras habitaciones que abrió las encontró tal cual ella misma las había dejado. No había rastros de sangre, nada fuera de su sitio– nada de nada. Pero eso cambió cuando Monet abrió la octava habitación.

En el sofá había un hombre tumbado, pelo verde, sucio hasta decir basta, con una botella de algo que posiblemente sería alcohol. Estaba tan sucio que Monet no sabría distinguir el barro de la sangre seca. ¿Y si estaba infectado? Monet tendría que pegarle un tiro sin más. 

Le apuntó con la pistola, el brazo firme, sin temblar lo más mínimo.

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— ❝ Levántate despacio.❞ 

               Si no seguía sus instrucciones Monet dispararía sin vacilar un segundo.